Saturday, March 12, 2011

La huelga de la UPR y la representación

Las pasadas navidades en Egipto le regalaron al mundo una demostración de amor que muy bien pudo haber constituido un vaticinio de lo que iba a ocurrir un mes después. Miles de musulmanes egipcios se reunieron frente a iglesias coptas a lo largo del país para servir de escudos humanos y proteger a sus compatriotas cristianos del sectarismo que quería hacerse presa de la misa navideña. El lema de la actividad, ideado por el artista Mohamed El-Sawy, era “O vivimos juntos, o morimos juntos”. Ya sabemos lo que pasó luego en El Cairo. El mundo no está tan fraccionado como nos quieren hacer ver, y la solidaridad es prueba fehaciente de esto.

Y en Puerto Rico… Para la misma fecha de los escudos humanos egipcios (6 de enero), se hacía oficial el que nuestro representante en el Congreso federal (con el de DC, Samoa, Guam, etc.) perdiese el poder del voto. Aunque ninguno de estos representantes ha tenido pleno poder de voto, en alguna que otra sesión se les había permitido votar en condiciones especiales (cuando la Cámara estaba en el llamado Committee of the Whole); la cosa es que acabó de perder el asomo del rastro de la eventualidad del rastrojo de la posibilidad del voto, gracias a la mayoría republicana. La pérdida de nuestra representación atrofiada coincidió, pues, con el acto de solidaridad egipcia. Esto es muy curioso, por lo siguiente.

Hace unas semanas, el congresista Gutiérrez, de Illinois, puso en una balanza las acciones represivas de los gobiernos egipcio y puertorriqueño. Gutiérrez ensayaba un asomo de solidaridad y un asomo de representación con un grupo que escasea cada vez más una y carece por completo del otro. La respuesta de Pedro Pierluisi, nuestro “representante” real (a quien le acababan de quitar el poco voto que tenía), merece la atención: Gutiérrez había ofendido al pueblo puertorriqueño al denunciar el uso desmedido de fuerza al que los manifestantes de la UPR habían sido sometidos, al hacer una comparación con Egipto. Defender es representar mal, y representar es callar; el que representa, calla y el que habla, ofende. Estos confusos juegos conceptuales, que viran patas arribas el sentido común, se dan en dos espacios: en el populismo político (término manoseado, pero aún útil) y en el llamado “discurso intelectual” (término igualmente manoseado).

Realmente, uno no debe ser demasiado duro con el comisionado residente: ser solidario no es fácil. Pierluisi, indistintamente de lo que cruce por su cabeza, debe responderle a su jefe, cosa que no es fácil tampoco. El jefe de Pierluisi, para decirlo en palabras bonitas, homenajea a Juan Ponce de León en la semana que abre con el Natalicio de Martin Luther King, lo que parecería ser una metáfora del lío en el que anda metida la Universidad y el país.

Ser solidario no es fácil. Solidario, me refiero, en el sentido en que los musulmanes egipcios lo fueron con sus hermanos coptos; solidario en el sentido que deberíamos serlo en nuestra isla. Nos esforzamos por no desilusionarnos del liderazgo político de la oposición local; quien parecería ser nuestro futuro gobernador le ha fallado moralmente a la Universidad dos años y medio antes de llegar a la Fortaleza, por su falta de compromiso con la educación pública, su pronunciamiento tímido y medroso y —Dios quiera que me equivoque— su oportunismo. De otra parte, está claro que el rol de las uniones es agenciar el bienestar de sus afiliados, y no salvar el mundo, pero la “cautela” con la que los dos principales sindicatos de la Universidad han obrado en la huelga estudiantil no demuestra el grado de solidaridad a la que pueden llegar, si se lo propusieran. La afirmación simbólica y el apoyo emocional son bien recibidos, pero no sirven para mucho. El punto está claro: nuestros representantes no nos representan, y las uniones representan a sus miembros, no a otros grupos. Ser solidario no es fácil.

La Asociación de Profesores ha hecho, sí, un esfuerzo por respaldar a los estudiantes, especialmente cuando el uso de la fuerza bruta empieza a parecerse a la del Oriente Próximo. El esfuerzo de la APPU ha recibido una reconvención de parte de una serie de académicos de renombre (y otros de no tanto), quienes insisten en hacerles un llamado a los huelguistas para “detenerse por un segundo y analizar la situación”. Se llama a un “debate, diálogo, cuestionamiento, replanteamiento, análisis”, etc., lo cual suena muy coherentemente si olvidamos el hecho de que hay que decodificar estos términos. “Análisis” y “debate” repiquetean con un eco académico, y es obvio —se sobreentiende— que debemos analizar detenidos (se aduce la imposibilidad de analizar activamente).

De salida, el llamado es comprensible: la reacción inmediata de un académico ante un problema urgente es proponer que se haga un seminario para discutir un tema. Los llamados “intelectuales liberales” tienen la costumbre de dar sugerencias de cómo el ahogado puede ser menos agresivo y más correcto, y de cómo la inacción es menos insensata que la acción. Ahora, cuando hasta los investigadores rigurosos ignoran datos básicos y evidentes, uno no puede más que cuestionarse sus intenciones. La cantidad de análisis que se han hecho, de parte de estudiantes y profesores, las propuestas, conversatorios, ponencias e investigaciones que a puerta abierta, cerrada, entornada, vigilada y libre se han llevado a cabo para discutir el tema de la huelga y ofrecer soluciones al déficit no parece pequeña. Hasta el New York Times y el New York Daily News reseñan las más de 200 páginas de iniciativas que han entregado los huelguistas a las autoridades. La huelga ha sido todo menos ignara.

Se divisa, pues, a lo lejos, el barrunto de un huracán de hipocresía que ignora las discusiones que se han hecho en torno a la huelga y presenta el estatismo como algo más académico sui generis que la lucha acompañada de análisis. “Debate, diálogo, cuestionamiento, etc.” (términos manoseados) se traducen en este contexto en “romper huelga”, en “falta de solidaridad”. Aunque no haya existido la intención (lo que equivale a decir que fue “de manera irreflexiva”), no sorprende que la administración se sirva de tales argumentos. Indistintamente de cuántas veces nuestros colegas citen a Michel Foucault (a quien parece que no han entendido), aquí se asoma una obvia complicidad con el poder. Pero está claro que ser solidario no es fácil.

Obviamente, no todos los universitarios están de acuerdo con las consecuencias más incómodas de la libertad de expresión. Algunos, van más allá, como el profesor Conlan, se toman la justicia en sus manos y utilizan sus recursos intelectuales y físicos para aplastar estudiantes. La dinámica de Conlan es una diminuta ilustración que protagonizan un hombre de autoridad, grandote, apolíneo, versus muchos jóvenes desgarbados que defienden una puerta. Alguna gente estaría tentada a interpretarlo como una metáfora. Frente a un estudiante bilingüe, Conlan trató de argumentar algo sobre la ilegalidad de la acción de los jóvenes que bloqueaban la entrada, lo que es muy curioso si se toma en cuenta que él ha abogado por la derogación de la Política de No Confrontación (ley universitaria) y ha estirado los límites de la definición de lo que significa “libertad de cátedra” en el reglamento universitario para amenazar con colgar a los estudiantes que participen en las huelgas. Para Conlan, está visto, el propósito de la ley se traduce en defender el derecho del abusador. Punto seguido hace una llave de lucha libre a un estudiante que obedecía el dictamen (errado, nebuloso, impropio, lo que sea) de una Asamblea legal.

Con más desenvolvimiento (aunque menos garbo) la alta administración replica las acciones del rubicundo profesor. Las leyes universitarias y estatales se reescriben cuando resulta necesario; cuando no, se viola directamente la ley sin reparo alguno. Ejemplo de lo primero son el agigantamiento de las cortes y las juntas y la prohibición de las manifestaciones; ejemplo de lo segundo son las “pausas” académicas, el uso excesivo de la fuerza, etc. Se empieza por las buenas; si no funciona, se va por las malas.

Al menos, y para su merecimiento, el profesor Conlan tuvo la decencia de no obrar sinuosamente y dejar clara su postura pro-confrontación, sin escudarse en palabras como “debate, diálogo y análisis”.



If they move too quick (oh whey oh)

They’re falling down like a domino


En el reciente congreso de la MLA, pude intercambiar impresiones con algunos profesores que andan activos en los movimientos de lucha estudiantil en Estados Unidos. En una mesa del “Radical Caucus” hablaron profesores de CUNY, U de Illinois-Urbana, U of Minnesota-Twin Cities, Ramapo College, U de California-Irvine y Quincy College. Los reclamos estudiantiles varían de una u otra institución, pero todo el mundo parece estar de acuerdo con que el enemigo es el mismo: un ataque despiadado a la Educación pública con la excusa falsa de la crisis económica.

El panorama de las luchas estudiantiles en el continente no varía demasiado. En California se sabe que la policía les dispara Tasers a los estudiantes, además de apalearlos. En Quincy College despidieron (léase, no le renovaron contrato) a un profesor a medio tiempo por su participación en el activismo. No todas las noticias son malas: en Urbana-Champaign, en 2009, la huelga tuvo un resultado favorable, ya que la organización de empleados graduados ganó sus peticiones.

Asimismo, el 4 de marzo de 2010 se convocó un día nacional de protesta por los recortes en los fondos de Educación. “Don’t believe anybody from the governor’s office when they say budget cuts are inevitable”, indicaba Barbara Bowen, presidenta de la unión de docentes y no docentes de CUNY (Clarion, 4/2010 p.3). Aunque las manifestaciones se dieron a lo largo de Estados Unidos, fue en California donde más se sintieron: 10,000 personas en San Francisco, una marcha de 5 millas que contó con mil personas, la detención del tráfico en la Interestatal 880/980 y un saldo de 160 arrestados.

Pero ha sido Wisconsin, estas últimas semanas, la víctima más aguda de un ataque frontal en contra de la libertad de expresión, los derechos civiles y las leyes obreras. Su gobernador (igual de republicano que Fortuño) ha amenazado con activar la Guardia Civil para atacar a los manifestantes estadounidenses que intenten llegar a convenios colectivos. La acción (no muy distinta de iniciativas boricuas) es una violación del artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, del ítem 2 de la Organización Internacional de Trabajo y (muy posiblemente, de acuerdo con qué politiquero la interprete) la Constitución de Estados Unidos (recordemos que tales documentos son, al menos en papel, the supreme law of the land). El gobernador de Wisconsin (igual de republicano que Fortuño) aceptó haber coqueteado con la idea de infiltrar revoltosos en las manifestaciones, para crear una distracción. Pues bien, los estudiantes y trabajadores universitarios se han lanzado a las calles con los miles de protestantes para defender un derecho que es, a la larga, bastante básico. Un derecho que, al menos en el papel, conforma la base de la llamada “libertad americana”.

La prensa oficial estadounidense, de otra parte, insiste (es su deber) en que los estudiantes de ese país son apáticos, enajenados, dóciles. “Rising college fees rarely elicit more than shrugs among most students in the United States”, reza un reportaje del New York Times (15/1/2011). Hay una razón muy válida por la cual la prensa subraya esta perversión de la realidad, y esta razón va de la mano de la amenaza de la Guardia Civil de Wisconsin, de la activación de la fuerza de choque en Puerto Rico. El poder no puede darse el lujo de que los estudiantes (o nadie) reclamen un mínimo de justicia y coherencia. Los riesgos son muy altos, y hay un sinnúmero de casos aleccionadores. El 23 de octubre de 2010, por ejemplo, la Corte Suprema Administrativa de Egipto le ordenó a la policía salir de las universidades del país, a las que venía ocupando hacía meses. Y ya sabemos lo qué pasó luego en El Cairo. Para finales de enero, en medio de las manifestaciones multitudinarias, clamó un coronel del ejército egipcio: “Váyanse a su casa en silencio y mañana oirán noticias alegres en la televisión”, a lo que diligentemente contestó un hombre de la calle: “Esto no es una demostración, sino una revolución” (Haaretz 29/1/11).



All the Japanese with their yen

The party boys call the Kremlin

And the Chinese know (oh whey oh)


En su mensaje televisado, nuestro dear leader indicó que redujo su salario de $70,000 en un 10 por ciento. Loable, ciertamente, aunque palidezca un tanto con la acción de Evo Morales, mandatario de Bolivia, quien se redujo su propio sueldo un 57 por ciento, para un total de $20,500 aproximadamente. A ningún lado llevará intentar comparar la calidad de uno y otro líder, y no es este el espacio de ver cuáles salarios y contratos se han reducido y cuáles se han aumentado en las altas nóminas del partido. Sí me incumbe lo siguiente: el costo de la Universidad ha subido y el número de estudiantes ha bajado. Esta tragedia cuantificable debe tener algún propósito, debe ser un mal necesario, ¿no?, debe haber sido la víctima propiciatoria para que otra cosa se haya dado. Como, por ejemplo, el milagro económico que vive el país al momento. La bienaventuranza de capital que vivimos, y sobre todo los prospectos alentadores de un mejor mañana vienen al precio de encarecer la educación postsecundaria, ¿no? Démoslo por bueno, como ejercicio: la educación debe disminuir para que haya mejoras en la economía.

Hay muchas maneras de medir la salud económica de un país. El nivel de desempleo, el crecimiento económico, el valor de la propiedad inmueble, el crédito, etc. Con respecto al desempleo, el gobernador comentó en su mensaje la creación de 27,600 nuevos empleos netos de agosto a diciembre del 2010, lo que no ha impresionado demasiado al Departamento de Trabajo federal, cuyos números hablan muy mal de la gestión local. De hecho, el desempleo viene subiendo de manera alarmante: de 2004 a 2008, el desempleo rondaba entre 10 y 12.8%; en este cuatrienio, varía entre 13 y 17% (http://data.bls.gov/pdq/SurveyOutputServlet?series_id=LASST43000005&data_tool=XGtable). El Departamento de Trabajo federal aún no se ha rendido ante los revoltosos de la UPR, por lo que consiste en una fuente fiable.

Con respecto al crecimiento económico, todos nos recordamos de la infame tablita de la revista The Economist, que catalogaba el crecimiento de nuestra isla como el más desacelerado del mundo (-4.2% de crecimiento), por lo que nuestro gobernador no puede estarse refiriendo a este particular en su discurso de autoalabanza. Ignoro si la proyección de The Economist toma en cuenta la posible salida de las farmacéuticas, debido al impuesto que se les ha prometido. Nuestro gobierno apuesta a que el IRS dé un crédito federal por la cantidad equivalente del dinero que las farmacéuticas deberán pagarle al Departamento de Hacienda, y ojalá Dios quiera que todo salga bien, pero por el momento tenemos el peor índice de crecimiento del planeta Tierra, lo que se suma al alza en el desempleo.

Cuando comenta nuestra convalecencia, Fortuño tiene en mente la calificación del índice bursátil de la Standard & Poor’s, que amenazó con calificar los bonos de la isla como “chatarra”. No vi nunca una discusión local (seria, sin partidismo de ningún lado) sobre las consecuencias reales de esta posibilidad, pero lo cierto es que Grecia, a quien Standard & Poor’s sí la catalogó de “chatarra”, está justo por encima de Puerto Rico en la tabla de The Economist. La chatarra griega parece tener mejores prospectos que la isla borinqueña. Indistintamente de las proyecciones privadas de su administración, el Informe de la Junta de Planificación establecía que “el año fiscal 2009 se caracterizó por una desaceleración sostenida en todos los indicadores económicos”. El futuro, si las cosas siguen como van, no luce bien.

Es injusto culpar a Fortuño del desastre actual, así como es injusto de su parte culpar al PPD. Sucede que ha habido una crisis mundial. De otra parte, cuando se nos presenta con un número recargado de medias mentiras y jueguitos de palabras, debemos ponernos alerta. A nadie debería satisfacerle “oír noticias alegres en la televisión”, como recomendaba el coronel egipcio, mientras uno de los motores principales de creación de empleos (i.e., la Universidad de Puerto Rico) pierde matrícula, se encarece y se ve ocupada por el SWAT.



All the school kids so sick of books

They like the punk and the metal band


Escribe Daniel Denvir: “In North Carolina, UNC Asheville is contemplating the elimination of 20 to 40 positions and double-digit tuition hikes. Western Carolina University already eliminated 93 positions for the current academic year, and Washington Democratic Governor Christine Gregoire’s proposal includes 11 percent tuition hikes in 2011 and 2012. New Jersey higher education has been cut by $130 million”.

El nivel académico de Estados Unidos baja cada vez más; el país más rico del mundo no está entre los primeros diez países con mejor sistema universitario. Irónicamente, ya que los latinoamericanos son el grupo étnico de mayor crecimiento en Estados Unidos, a las estadísticas sobre la educación estadounidense le convendría que los puertorriqueños (entre otros) tengan más acceso a la Universidad (Diálogo, 11/1/11). Nuestro Gobernador, sin embargo, al ser un uncle Tom latino, valedor del ala empresarial del Partido Republicano, gestiona en la dirección diametralmente opuesta. Está claro que el proceder de Fortuño no se aleja del de los gobiernos de derecha que utilizan el pago de deudas externas y los créditos internacionales como excusa para concentrar el poder y subrayar las diferencias de clases. Es imposible saber qué tiene en mente exactamente y por qué hace lo que hace (mi impresión es que trabaja en su resumé), pero podemos llegar a unas conclusiones observando tanto sus actos como sus palabras. El mismo Fortuño ha declarado que su héroe es el expresidente Ronald Reagan, bajo cuya administración (que se fue con uno de los peores índices de aprobación de la historia de su país) la economía estadounidense sufrió golpes de los que aún no se ha recuperado. Además de ser uno de los más infames enemigos de las uniones laborales y estudiantiles, Reagan desbarajustó la economía de Estados Unidos, en más de una manera. “When he came into office”, comenta Chomsky, “the United States was the world’s leading creditor. By the time he left, it was the world’s leading debtor”.

Está claro que nada de esto se puede hacer sin una campaña de adoctrinamiento que consiste en desprestigiar la solidaridad y la unión. Hay que dejar claro que los estudiantes están solos. Que su función es mínima. Que deben estudiar y callarse la boca. Que son una carga. Que a nadie le importan, excepto cuando se ponen a protestar. Sobre todo, hay que desvincular el presente del futuro: el hecho de que ellos crearán y manejarán la riqueza de mañana. Hay que insistir en que la educación pública no importa demasiado.

El ataque frontal se evidencia en el plano económico, ya que existe tiene, gracias a la crisis, la excusa perfecta para desarticularse. De lo económico a lo laboral hay solo un paso, y en la Academia lo laboral no se aleja de la “libertad de cátedra”. Oscar Arias, uno de esos rutilantes premios Nóbel que engalanan la pléyade de defensores de la libertad, se queja de que “teachers’s unions decide for themselves how much teachers should work and what they should teach” (Foreign Affairs, Jan/Feb 2011, 3). Parece molestarle particularmente el que muchas universidades (no cita ninguna) “devote themselves to teaching authors no one reads and repeating doctrines in which no one believes” (4).

Los autores y las doctrinas a las que alude el guiño de Arias habrán de ser las de izquierda, supongo, aunque él —político al fin— no especifica. Asimismo, en la huelga de nuestra universidad se reitera que los manifestantes son “gente de izquierda” (voces más coloridas los denominan “comunistas”). Ygrí Rivera, por ejemplo, asegura que sólo se resiente un “grupito de 30 o 40”, que busca perturbar el sistema por “ideologías políticas”. Aquí hay varios temas: en primer lugar, se sugiere que los estudiantes que difieran del marxismo-leninismo están dispuestos a pagar la cuota gustosamente. Establecer que sólo un comunista se negaría a pagar $800 es una suerte de chiste interno de la administración. Desatiendo semejante tontería, paso a preguntarme algo más razonable: ¿importa, en lo más mínimo, la ideología política de los estudiantes que se quejan de la huelga? Comentar que algunos estudiantes son independentistas es irse por la tangente flagrante, flagrantemente. Algunos habrá que son cristianos, y un musulmán tiene que haber por algún lado. No importa. El tema es que se les está cobrando algo que no deben (y muchos no pueden) pagar. El tema es que se le quitó fondos públicos a la Universidad, y que esos fondos se pueden recaudar de varias formas sin tener que cobrárselos a las familias puertorriqueñas por las cuales dice Fortuño desvelarse por las noches. Y hay más de doscientas páginas de propuestas sobre cómo hacerlo, por más que intenten obviarlo algunos compañeros profesores.

El hecho de que haya banderas de sindicatos y grupos de izquierda en las manifestaciones tiene una explicación muy dolorosa. Los grupos oficialmente estadistas, que deberían defender los méritos incuestionables de la libertad estadunidense y su Constitución, prefieren contradecir lo que se supone sean sus ideales por una ceguera partidista triste en extremo, que ni a un demócrata centrista como Luis Gutiérrez se le ha escapado. En otras palabras, celebran a Reagan y no a Martin Luther King. En casos extremos, hay que admitir, celebran al conquistador Juan Ponce de León.



If you want to find all the cops

They’re hanging out in the donut shop


El ataque ideológico a la solidaridad ha sido muy agresivo, y ha funcionado en más de una medida. Varios académicos han hecho un llamado elocuente al acatamiento, al cual adornan con citas poéticas, e ignora la violencia física y económica que se mantiene. Igualmente, Pedro “good cop” Pierluisi se muestra ofendido de que se compare a Puerto Rico con Egipto, y ciertamente hay que salvar diferencias milenarias. Ahora, descargar un arma Taser tres veces en una persona desarmada, que no presenta amenaza alguna, es una falta muy seria. La sesión 39 del Comité Antitortura de la ONU, de 2007, cataloga los Tasers como armas que se prestan para cometer actos de tortura. La prensa internacional, asimismo, ha estado mostrándose indignada por el uso de gas pimienta y balas de goma en contra de manifestantes pacíficos en los países del norte de África. En Puerto Rico, algunos miembros de nuestra uniformada han estado a la vanguardia de la opresión, lanzando unas y otras a mansalva, aun frente a escuelas primarias católicas dentro del casco turístico del país. Nuestro gobierno responde haciéndole un homenaje cuasimillonario al Superintendente de la policía y otorgándole otro cuasimillón a un bufete de abogados para evitar las sanciones que el Departamento de Justicia federal quiere impartir en el cuerpo policiaco boricua, que —indistintamente de sus servidores honestos que sí lo honran— acaba de ser parte, hace unos meses, de la redada por corrupción más grande de la historia del FBI.

Para nuestros representantes, quejarse de la violencia indiscriminada es un “constante, desmoralizante y destructivo ataque en contra de la Policía […] malagradecimiento, menosprecio, e insulto”. Y tienen razón cuando explican que la criminalidad ha disminuido, si nos atenemos a su definición de criminales: “estudiantes universitarios de bajo ingreso”, y sí, hay menos en la Universidad.

¿Habrá que insistir en que nada de esto es necesario? ¿No hemos visto a miembros de la policía de Madison, Wisconsin, unirse a sus conciudadanos y negarse a acatar órdenes injustas? Me gustaría creer que los sádicos de boina y kepi que apalean estudiantes son, por apropiarme de la frase de Ygrí Rivera, “un grupito de 30 o 40”, que no representa a la totalidad de la uniformada. De otra parte, no parece que atacar verbalmente a los policías vaya a favorecer la situación; suficiente tenemos con la campaña de publicidad y propaganda del estado. De otra parte, la víctima —y esto es muy injusto— debe padecer con una sonrisa en el rostro o si no se arriesga, en primer lugar, a recibir más golpes y, en segundo, a que vengan profesores universitarios a sugerirles cómo deben actuar. En última instancia, el que los “30 o 40” policías abusadores respondan por sus actos dependerá de la ACLU y del cabildeo de grupos de Derechos Humanos, no de los estudiantes de la UPR. No sé si debamos esperar que la pesquisa federal desmoralice el uso que Fortuño le da a la policía. El gobernador se está jugando su carrera política y si deja que las manifestaciones pacíficas de los estudiantes se conviertan en un modelo de lucha continental (en California, en Wisconsin, en Ohio), cargará en su currículo el haber permitido un efecto dómino.

El rol de los estudiantes que quieran continuar la lucha consiste en seguir organizando a sus compañeros de forma instruida y firme. Los partidarios de la administración pasan por alto la ilegalidad, la violencia y la contravención de Derechos Humanos, pero no perdonan el que un conteo de Asamblea se manifieste confuso: tal es el juego que les tocó jugar a los estudiantes, y deben seguir estas reglas arbitrarias. A fin de cuentas, aunque el sportsmanship nos soliviante para a “debatir, cuestionar”, con los más ciegos partidarios de la administración los estudiantes deben continuar haciendo lo mismo que han hecho hasta ahora: ignorarlos.

Y ya que la administración insiste en repetir consignas falsas una y otra vez (“los estudiantes son violentos”, “esto es culpa de la crisis”, “la situación está mejorando”), los académicos —tengan un grado ya o lo anden agenciando— debemos repetir los datos concretos una y otra vez (la reducción de la fórmula de ingresos de la UPR que implicó la Ley 7, los cambios en la mecánica de la administración universitaria, etc.).

Niall Ferguson, un prestigioso historiador de Harvard, escribe en el Newsweek de esta semana que Obama ha fracasado al no intervenir (léase “manipular”) en las manifestaciones democráticas de Egipto. Aún no se sabe qué pasará en el país africano (ni qué pasará en la UPR), pero si el pueblo egipcio logra alcanzar un ápice de la libertad que desconocía, las recomendaciones del profesor Ferguson, quien pactó hace años con el poder aglomerado, se desprenderán como escamas de piel reseca del cuerpo de la Historia. De igual forma pasará en nuestra isla. Los académicos que apoyan la violencia, el abuso y la intransigencia, como el profesor De la Torre, pasarán a la historia como pequeños villanos a sueldo. Hay, sin embargo, una forma de escapar a semejante malaventura: la solidaridad, ya sea con nuestro hermanos en África, en el Norte o a la vuelta de la esquina.

Ser solidario no es fácil, pero —si consideramos lo que está en riesgo—tampoco es tan difícil.

Saturday, December 11, 2010

La huelga de la UPR y el año nuevo

El presidente de la Universidad de Puerto Rico comentó que la institución corre el riesgo de cerrarse. Agregó que rechaza negociar con el Comité de Representación Estudiantil, rechaza la presencia de un mediador, y rechaza la reciente propuesta “La Universidad: Sumando Ganamos Todos”. Tanto rechazo debe ponerse en contexto, y abre la puerta a un número de preguntas.
¿Por qué corre el riesgo de cerrarse? ¿Qué hace la policía en la Universidad? ¿Qué significa que se cierre la Universidad? ¿Qué seres malintencionados desean cerrarla? ¿Qué táctica se puede utilizar para evitar la cuota sin que se cierre la Universidad?

Las primeras dos preguntas son urgentes. La rectora Guadalupe comenta que solicitó la entrada de la policía al Recinto de Río Piedras “porque la prioridad es conservar la acreditación del recinto”. Para no perder la acreditación, debe haber presencia de la policía. En el pasado, la presencia de la policía en el campus provocó muerte y violencia, por lo que, para darle el voto de buena fe a la rectora, la palabra clave debe ser “acreditación”. Sin acreditación, la Universidad cierra.
A la Universidad de Puerto Rico la acredita la Middle States Association of Colleges and Schools, que funciona bajo el Departamento de Educación federal. Ellos son quienes acreditan. Luego de su visita de septiembre de 2010, la Middle States redactó un reporte en el que (y me he leído sus 13 páginas ya seis veces) no se sugiere que el hecho de que los estudiantes protesten y hagan huelga podría producir una desacreditación. Puede que me equivoque en mi lectura, y dejo el link para que me ayude alguien: http://recend.apextech.netdna-cdn.com/static/docs/editor/20101102_informefinalmiddle.pdf
De hecho, la Middle States aprueba la labor de docentes y estudiantes en el cumplimiento de los requisitos académicos que el semestre (detenido por una huelga) implicaba: “Each institution is commended for putting in place opportunities for students to complete their studies”(p.12). Aunque en el texto se sugería una preocupación obvia por la posibilidad de que no se cumpliese con el estándar de Ofrecimiento Educacional, finalmente se satisfizo con la evidencia que se le presentó. La UPR aprobó en este tema.
Sin embargo, Middle States no opina que la Universidad cumpla con el estándar de Gobierno y Liderazgo. Ante la Middle States (que, repito, está bajo el Departamento de Estado federal), la administración de la UPR se cierra al diálogo, maneja sus fondos de manera oscura, parece nominar sus presidentes como premios políticos y hasta podría poner en riesgo la seguridad de los miembros de la Universidad. Todo esto aparece en blanco y negro en el documento que cito. Es fácil citar (para avalarlo o burlarnos de él) las peroratas de Rodríguez Ema en la radio, pero el documento —al solo tener 13 páginas— amerita que lo releamos.
Por ejemplo, Rodríguez Ema afirma que la administración universitaria nunca se ha negado a dialogar con el estudiantado. La Middle States difiere: “UPR Central Administration does not give evidence of having an effective means of communicating with its constituencies. We saw no evidence of ongoing, meaningful dialog with faculty or students” (p. 8). El gobernador, el presidente de la UPR y los rectores comentan en El Nuevo Día constantemente que están en disposición de dialogar, a lo que elegantemente responde el documento de la Middle States: “Simply stating an open door policy does not make it truly open” (p. 7).
Con respecto al estándar de manejo de la economía, la Middle States se quedó con las ganas de saber qué pasaba exactamente dentro de la Universidad. “The lack of current data means that the Team is unable to confirm compliance with Standard 3” (p. 5). No hubo ni hay información disponible, por lo que ni la Middle States ni nadie se enterará por lo pronto de las finanzas de la UPR.
El proceso de la selección de diversos líderes universitarios no está claro. En el reporte: “The process of selecting members is unclear” (p. 8). Creyó ver, además, “evidence of difficult relations between members”. La Middle States requirió, recomendó y sugirió. Requirió: “Evidence that steps have been taken to assure continuity and stability of institutional leadership particularly in times of governmental transition” (p. 10). Particularly es un eufemismo. Recomendó: “that a formal process of succession planning be implemented” (p. 9). Sugirió: “fixed terms for the UPR President, Chancellors, and other senior leaders” (p. 10).
Leemos en la prensa que el presidente justificó el horrible vandalismo que recibieron nuestros portones, arrancados para “garantizar la acreditación del Recinto y propiciar una Universidad abierta y operacional”. La Middle States, por su parte, confiesa: “the Team found no evidence that campuses were involved in the discussions or decision that created the Open University program of removing the gates and fences at campuses; indeed, several campuses […] raised concerns about campus safety if the gates and fences are removed” (p. 8).
Ya que nuestra administración contradice punto por punto las observaciones de la Middle States, queda la duda de qué es a lo que se refiere el presidente con que “se tomen todas las medidas necesarias para proteger el patrimonio del pueblo [y] la acreditación de la Institución”. Aquí la palabra clave es proteger. Debo hacer una analogía. En las películas de gánsteres, el mafioso va adonde el dueño de una tienda y le dice algo así como “I have a friend of mine who wants to harm you bad” y le cobra a su víctima un dinero de protección. Protección equivale a extorsión, aquí. Decir que una huelga provocará la desacreditación de la Universidad es una perversión deliberada de los hechos.
Ante este panorama de mentiras y abusos, hablar de “dos bandos” es ya irse de un bando. La presencia de la policía en la universidad, bajo esta luz, no merece comentario.

Puerto Rico no ha sido el único escenario de luchas estudiantiles en lo que va de semana. El reportaje del New York Times sobre las luchas estudiantiles en Inglaterra es un buen antídoto para la insistencia falsa y añeja de querer enmarcar la huelga puertorriqueña con nomenclatura de la Guerra Fría, (algo que terminó oficialísimamente hace 21 años). Aún los ingleses (quienes se inventaron el capitalismo) están abrumados por los excesos de sus líderes, quienes utilizan la crisis económica para justificar sus políticas. En el caso de las universidades británicas, se traduce en un alza de hasta tres veces el precio de la matrícula y un recorte de los recursos académicos.
Ante la noción de que los estudiantes planean sabotaje indiscriminado y actos delictivos, el reportaje cita a un líder estudiantil, quien comenta: “Nonviolence is essential — once we resort to violence it’s the only thing the media picks up”. Ante la repetida queja de que los estudiantes sólo quieren dinero para drogarse y emborracharse, responden coherentemente que temen que la educación se dirija hacia un “completely privatized education system”. No se trata de un pequeño grupo de “dropeados de Sociales”, sino de un conglomerado compuesto por decenas de miles de ciudadanos: “Many of the London protesters were still in high school”.
En Grecia también hubo confrontaciones entre estudiantes y policías esta semana, con un saldo de cinco heridos y 85 detenidos. El panorama griego es mucho más crítico que el británico, y los disturbios han implicado una violencia mayor, lamentablemente.
Hay que insistir en ello, ya que los antagonistas de la Universidad insisten en repetir que se trata de “minúsculos grupos de nacionalistas que quieren destruir la universidad”. Más o menos para la misma semana en que Romero Barceló expectoraba sus lamentables opiniones sobre los estudiantes puertorriqueños, alrededor de 25,000 ciudadanos del estado de Nueva Jersey protestaban en contra de los recortes del sistema de educación público de dicho estado, cortesía del gobernador Chris Christie, igual de republicano que Fortuño. Los 25,000 neojerseyanos habrán sucumbido ante los tentáculos de la FUPI, según la teoría trasnochada que oímos en boca de nuestros líderes.
Discutiendo el alza de matrícula del sistema público californiano, frente al sistema universitario mexicano, escribe Chomsky: “The recent cut-backs in higher education seen in much of the world cannot simply be traced to economic problems. Rather, they reflect fundamental choices about the nature of the society in which we will live”.

Los estudiantes puertorriqueños, ingleses, griegos y estadounidenses, pues, luchan a favor de una educación pública, y contra el “completely privatized education system” que proponen nuestros respectivos gobiernos. ¿Quién, pues, está luchando por que se cierre la Universidad?
Aunque parece que hemos tocado fondo, la UPR tiene una larga trayectoria de presidentes pestíferos. El Dr. José M. Saldaña, con esa mezcla de honestidad y barbarismo que lo distingue, propone que la “opción de cierre es posiblemente la más adecuada y necesaria para repensar de arriba hacia abajo a ese recinto que las más de las veces aparenta haberse salido de su cauce y ser ingobernable”. Las palabras de este antiguo presidente concuerdan con las acciones del presidente actual.
Ciertamente es ingobernable la UPR si nuestra definición de ingobernable se aparta de los estándares más básicos de la democracia. Para entender la noción de gobernabilidad de los presidentes de la UPR, cito a George W. Bush (igual de republicano que Fortuño), quien bromeó una vez: “If this were a dictatorship it would be a heck of a lot easier, just so long as I’m the dictator”. Bajo esta óptica, la UPR es ingobernable. De más está decir que la Middle States criticó la Universidad precisamente bajo el estándar de Leadership and Governance.
Pero por supuesto es más práctico crear un enemigo inexistente y culparlo a él. Saldaña sostiene que las protestas son incitadas por “activistas de tendencia política de izquierda, particularmente en las facultades de las Ciencias Sociales, de las Humanidades, Comunicación y Pedagogía”. Esto es falso en más de un sentido. Por un lado, retoma una vez más el vocabulario de la Guerra Fría, que explica el mundo como la confrontación entre el comunismo y la democracia. Pero el comentario es además falso en un sentido más obvio. En el último video de la APPU, profesores de todas las facultades (incluidas las de Naturales y Administración de Empresas, que en la imaginación de Saldaña serían “menos de izquierda”) se han solidarizado con la lucha estudiantil (e.g., http://www.youtube.com/watch?v=Y1FMXF3V63I); el texto “La Universidad que queremos”, en cambio, que critica severamente la huelga, le pertenece principalmente a profesores de las facultades de Humanidades y Ciencias Sociales. Nuestro presidente, de hecho, fue por años profesor de Literatura Hispánica.

Uno de los mecanismos de propaganda que describe Orwell en 1984 consiste en denominar las cosas con un término exactamente opuesto de su función verdadera. El Ministry of Peace, en la novela, no se encarga de la paz, sino de la guerra; de igual forma, nuestro Departamento de Defensa se encarga de la agresión. No debe sorprendernos que las declaraciones del presidente De la Torre y de la rectora Guadalupe, justo después de contratar a una compañía de bouncers para acallar a los estudiantes, insistan en que quieren “proteger y garantizar el derecho de todos los que quieran protestar” (lo comenta cuatro veces en cinco minutos).
El presidente establece una dicotomía entre los que quieren protestar y los que quieren estudiar. La separación es maliciosa e implica que quienes protestan no quieren estudiar. A fin de cuentas, esto no importa. La protesta estudiantil no es un tema de libertad de expresión; es un tema de lucha social. Establecer unos espacios específicos para que protesten los que quieran protestar es un acto de cinismo inaudito.
La justicia social se lleva a cabo protestando en sitios en donde no se permite protestar. La costurera afroamericana Rosa Parks se sentó, hace 55 años, en un asiento de autobús en el que no podía sentarse. No fue un acto de libertad de expresión, sino de lucha social. Fue un acto de desobediencia que conllevó multas y cárcel, pero que llevó a un estado de menor injusticia.
El que la administración demarque un espacio para la catarsis no constituye un esfuerzo por dialogar y resolver problemas, especialmente cuando hasta la Middle States reconoce que “we saw no evidence of ongoing, meaningful dialog with faculty or students”.

¿Qué opciones hay, pues, para combatir la cuota sin que el gánster recurra al friend of mine who wants to harm you bad? La literatura académica en torno a la huelga se ensancha, y va desde textos articulados con lenguaje militante (Rafael Bernabe) a reflexiones ensortijadas (Bernat Tort); de modestas propuestas (Rubén Ríos) a propaganda vulgar y manipuladora (Madeline Román). Leo y releo la insistencia de que se deben buscar “otros métodos” que no sean la paralización de las clases, pero no todo el mundo propone cuáles serían los “otros métodos”.
Cada propuesta tiene sus pros y sus contras. Por ejemplo, la violencia se presenta como una opción atropellada. Dispararle al presidente impediría que él cerrara la UPR, pero no que otra persona la cerrara, y está de más recordar que hay una fila de doctores esperando heredar el puesto de monigote político. Ir en contra de la policía y de la guardia nacional con palos y revólveres es una tontería por más de una razón, y el mero hecho de articularlo esta posibilidad en público ha entrañado el que se planee abrir cuarteles de la policía dentro de los recintos.
La administración y el gobierno actúan como si quisieran cerrar la UPR, como si esa fuera su meta. Si los estudiantes reaccionan a las provocaciones con violencia, estarán sirviéndole la Universidad en bandeja de plata a Fortuño y compañía. A nuestra triste administración le conviene que haya violencia, para acelerar lo que parecerían ser sus metas. El altercado de la semana pasada sirvió de excusa para reestructurar (violar) la política de no confrontación que llevaba décadas en exitoso vigor.
De otra parte, vestirse de luto y pedir renuncias no producen nada. No se trata de libertad de expresión, sino de lucha social.
Amplios sectores del estudiantado están cansados y desilusionados. La administración les ha tirado con todo: la policía, la fuerza de choque, propaganda costosa en todos los medios, sanciones académicas, demandas civiles, Chicky Starr; you name it. Si de algo no podemos acusar a nuestro gobierno es de contrincantes ineptos. No es ilógico que los estudiantes empiecen a ver la huelga como algo que no funciona.
Por mi parte, ya que el argumento de que la huelga provocará la desacreditación de la UPR es una distorsión intencional, no desaprobaría continuar con ella, aunque de manera evolucionada. Los estudiantes organizadores están mucho más versados que yo en la historia de las luchas civiles, y sabrán cómo protestar sin incurrir en la violencia, ya sea utilizando las avenidas Barbosa y Universidad como estacionamiento de cientos de vehículos, convocado asambleas interminables que suspendan las clases, declarando un sinnúmero de paros de 24 horas, pactando con las uniones, etc. Todas estas acciones conllevarán sanciones y multas. A Rosa Parks la detuvieron y la multaron por catorce dólares.
Es importante, además, estrechar vínculos con nuestros aliados en Estados Unidos. La administración de la UPR está jugando con fondos públicos y federales, y está contraviniendo las disposiciones de un emisario del Departamento de Educación. Esto no es pecata minuta. Si bien es cierto que el partido de nuestro gobernador (el Republicano) está en control de la Cámara de Representantes federal, hay alguno que otro actor importante que ya se ha solidarizado con los estudiantes puertorriqueños.
De otra parte, el 2012 se avecina. El daño descomunal que la Universidad y el país han recibido a manos de Fortuño podría revertirse en alguna medida. Sinceramente, dudo que el Partido Popular tenga mejores intenciones que el PNP, pero ese minúsculo grado que lo hace menos agresivo suaviza un tanto los procesos de justicia social. Sería una lástima que, con una administración popular, el estudiantado perdiera el sentido de organización y lucha que lo ha distinguido; echo una mirada al mundo y, lleno de esperanza, sospecho que tal cosa no sucederá. The times they are a-changing.
Una cosa está clara: la violencia (ni siquiera la violencia verbal) es el arma del poderoso. Lo es porque agrede y porque utiliza la agresión del otro para justificar la propia violencia. No puede haber violencia de ningún tipo. Protestemos, retirémonos cuando llegue la policía. Volvamos en los cambios de turno o cuando sea. Retirémonos de nuevo. Así peleaba, más o menos, Aquiles. Los profesores (la mayoría) estamos del lado de los estudiantes y no cruzaremos línea de piquete. Resistamos los últimos minutos de la pelea, que la campana esta lista a doblar, y no será su canción un réquiem por los estudiantes.

Friday, May 14, 2010

La huelga de la UPR y el mundo real

La reciente huelga estudiantil de la UPR se puede ver en varios contextos. Uno de ellos es el de las huelgas pasadas en dicha institución. Otro es en el contexto de las luchas civiles en Puerto Rico y Estados Unidos. Un último contexto, más amplio, es el mundial.

La resistencia en la UPR.
Las huelgas estudiantiles en la Universidad de Puerto Rico han surgido como reacción a un programa agresivo de encarecer los costos de la educación en la isla, con la posible mira de privatizar el sistema público. Las huelgas de 1981 y 2005 tuvieron como meta impedir un alza en la matrícula, mientras la de hoy critica una posible disminución de exenciones de matrícula.

Quien mejor describe el intento de retardar la Universidad es nuestro Gobernador. “La UPR disfruta de un enorme privilegio”; enorme, aquí, es sinónimo de excesivo. Fortuño produjo un cálculo mediante el cual todos los estudiantes universitarios reciben una beca enorme. “Cada estudiante recibió en promedio $4,082 en Becas Pell del gobierno federal…$1,320 para pagar la matrícula y otros $2,762 para gastar en lo que ellos quieran”. Como, por ejemplo, comida, ropa, hospedaje. El número de Fortuño, entre las 18 semanas semestrales, entre cuatro días de clase, da a $38.50, que previsiblemente se puede dividir entre $15 para comida, $20 para vivienda y transportación, con lo que les sobra la considerable suma de $3.50 para gastos menores como libros, materiales, ropa, gastos médicos, etc. Los estudiantes irresponsables, se sobreentiende, los que malbaratan la Beca Pell y pululan por la imaginación del Gobernador, beben un total de 3 medallas diarias y dan una generosa propina de medio dólar.

“El 81% de los gastos de la universidad”, agrega Fortuño, “lo pagamos nosotros los contribuyentes y el gobierno federal. Eso quiere decir que este año la UPR le cuesta $726 a cada contribuyente en Puerto Rico”. La palabra “cuesta” cayó mal, pero démosla por buena. Ahora bien, ¿qué porcentaje de los bomberos pagamos nosotros? ¿Qué porcentaje de las carreteras? ¿Del sueldo de nuestros representantes? ¿Qué porcentaje de la policía? Esta tarde un buen hombre recibió un macanazo por el que pagó en o antes del 15 de abril del año pasado.

En realidad, toda esta tontería es innecesaria y no vale la pena atenderla. Si a Fortuño le interesara echar hacia adelante la economía del país, no le quitaría dinero a la UPR. En el número actual de Foreign Affairs, una publicación seria y conservadora, el presidente de Yale University, Richard C. Levin, comenta que ha sido precisamente la intervención económica en universidades estatales como privadas lo que ha provocado el desarrollo de la economía e industrias norteamericanas. Dice, de hecho, que la medida en que India y China están invirtiendo un alto porcentaje de su PIB en sus universidades indica lo serio que se están tomando su futuro rol de liderazgo económico en el mundo. En síntesis, Levin comenta que hay una relación proporcional entre inversión económica del estado en sus universidades y el desarrollo económico de estos estados. Que el Presidente de Yale lo establezca en Foreign Affairs, en el número corriente, me parece un buen argumento para confrontar con el disparate del discurso de Fortuño.

Lucha en PR y en EEUU.
El modelo al que se acerca nuestro gobernador, y los coristas que ha ubicado en nuestro primer centro docente, recoge lo peor de las política de Estados Unidos, pero —y este es un punto neurálgico— nada tiene que ver con los procesos que han llevado a este país a gozar de sus libertades. Pensar que defender el derecho a la educación es algo antiamericano, como se lee en los periódicos y se escucha en la radio, es un error muy triste.

Si se pasa por alto el activismo antibélico y ambiental, que aún continúa, el foco principal de las protestas recientes es, por supuesto, el estado de Arizona, cuyo gobernador (del mismo partido del nuestro) firmó hace poco una ley que obliga a la policía a pedirle documentos a personas que parezcan extranjeros (i.e., de rasgos hispánicos). Miles de personas se han arrojado a las calles a protestar; las manifestaciones más grandes se llevaron a cabo el primero de mayo. El martes pasado la policía arrestó a 15 personas que protestaban contra la Ley (incluidos algunos estudiantes), que ahora parece incluir la proscripción de un programa de Estudios Étnicos en las escuelas de Tucson, Arizona (Democracy Now! 12/6/2010). Al igual que aquí, varios artistas se han solidarizado con las protestas, y se unen al boicot con que diversos organismos intentan presionar a los legisladores de Arizona.

Nuestro gobernador republicano ha comentado delante del país que la protesta se debe a un “minúsculo grupo” que viola los derechos de una mayoría anónima y silente que piensa, como él, que luchar por los derechos civiles es una acción antiamericana. Hay que decodificar el término propagandístico. El término “mayoría silente” fue usado por Nixon en una conferencia del 1969, luego de una inmensa actividad antibélica a lo largo de Estados Unidos, para que la gente apoyara la Guerra de Vietnam. 4 meses después, alrededor de 4 millones de estudiantes norteamericanos se fueron en una huelga masiva para rechazar las políticas de su gobierno. Es revelador e irónico que luego de que el Presidente aludiese a una “mayoría silente” (y posiblemente inventada), los estudiantes norteamericanos hayan respondido precisamente con una huelga descomunal. “Mayoría silente” es un slogan propagandístico traducido literalmente del inglés, minúsculamente menos ridículo que “cuatro años más”, como aclamaban varios senadores y representantes, y que simple y sencillamente no suena bien en español.

Estos dos ejemplos estadounidenses no son ni la punta del iceberg. Las libertades civiles estadounidenses se han ganado mediante lucha y es imposible que el Gobernador lo ignore. Al igual que su copartidario, falsea la realidad en aras de ganar el favor del público.

Dejo sin comentar las luchas civiles de nuestra isla, los éxitos que han cosechado y las pérdidas que en su momento superarán. La lucha estudiantil, pacífica y organizada, que vemos estupefactos no es solo una inspiración, sino un manual de instrucciones para luchas futuras.

La UPR y el mundo.
Los vídeos que hemos visto de nuestros queridos hermanos policías abusando de sus compatriotas ciertamente son desesperantes. Debemos ponerlos en el contexto de lo que está sucediendo en lugares como Tailandia para entender los afortunados que somos de vivir en un país libre y, sobre todo, entender la medida en que se nos quiere arrebatar esta libertad. Hoy 14 de mayo de 2010 la policía abrió fuego sobre los protestantes de Bangkok y, entre decenas de heridos, hubo dos muertes (para un total de 25). Hoy, en la isla en que vivimos, la policía golpeó y roció con gas pimienta a padres y estudiantes que protestaban pacíficamente.

Al momento en que escribo los grandes medios noticiosos reportan considerablemente las luchas en Tailandia y Grecia, y las posibles luchas en España, Italia, Cuba y Ecuador.

En Grecia, las protestas se deben a las políticas neoliberales con las que el partido en poder, nominalmente “socialista”, quiere que la población pague los platos rotos del Estado. Endeudarse con el Fondo Monetario Internacional y con los bancos de la Unión Europea se traduce en reducción del sueldo de los empleados (los despidos, a diferencia de PR, son inconstitucionales en Grecia) y recortes en los servicios públicos. Algo similar esta proponiendo otro gobierno “socialista”, el de Rodríguez Zapatero en España. El gobierno español quiere reducir en un 5% el sueldo de los empleados públicos, y los sindicatos han llamado a una huelga general el 2 de junio. Lo que está pasando en Europa (y aquí) se comprende en el contexto de la crisis mundial; esta crisis es tanto económica como democrática. La crisis económica es muy real: por culpa (entre otros factores) de Goldman Sachs y AIG (otorgaron préstamos fraudulentos), la economía de varios gobiernos está por el suelo, y muchos no pueden ponerse al día con su deuda externa. La crisis democrática es aún más alarmante: querer que un pueblo pague por los deslices y la mezquindad de un puñado de multimillonarios, y atacarlos con macanas cuando se quejan de esta injusticia es sin duda una embestida contra la mera noción de lo que debe ser la democracia.

Aun en Bolivia, que sí ostenta un gobierno realmente socialista, los sindicatos han anunciado una huelga para demandar un alza en el sueldo. Pero aquí las causas son distintas.

En Italia pronto habrá un congelamiento de los sueldos, según Telesur (14/6/2010), y sólo podemos especular lo que pasará en Cuba cuando el gobierno reduzca su tamaño. Las luchas recientes de Ecuador tienen que ver con la posibilidad de que se privaticen varias fuentes de acceso al agua. Distintas comunidades indígenas están luchando por que el acceso al agua no caiga en manos de corporaciones mineras y agrarias.

Tenemos un mundo en el que las clases gobernantes se endeudan por su mal manejo de los recursos y por la avaricia con que planifican sus políticas. Cuando el país se endeuda, le piden a la ciudadanía que pague. Cuando la ciudadanía se queja, ejercen la fuerza. Para colmo, le niegan servicios básicos, como el agua, a sus ciudadanos. Puerto Rico es parte del mundo.

Es importante recordar que la lucha civil y social es el impulsor de los cambios políticos y, a fin de cuentas, los procesos históricos. Los estudiantes, profesores, padres, y ciudadanos responsables que se han unido en una protesta en contra de los abusos de nuestra reinante administración deben entender que aunque sus esfuerzos tienen metas delimitadas en el espacio y el tiempo, también conforman un movimiento que abarca el mundo entero y que sacude oligarquías, ya sea la tailandesa, la ecuatoriana, la estadounidense o la puertorriqueña.

Friday, April 23, 2010

Juan Bosch y Orlando Bosch, de un pájaro las dos alas.

La semana que viene se cumplen 45 años de la invasión estadounidense de la República Dominicana. Quiero aprovechar la celebración del centenario de Juan Bosch en la Semana de la Lengua aquí en Cayey para comentar las implicaciones de ese suceso histórico. Con ese fin, voy a repasar brevemente la invasión norteamericana y la figura del presidente dominicano Juan Bosch; después le daré un vistazo a la actividad del cubano Orlando Bosch. Este último, a pesar de compartir el mismo apellido, vendría a ser la contrafigura de Juan Bosch. Propongo que comparar ambas figuras puede echar luz sobre algunos aspectos de la política estadounidense en el Caribe dentro del periodo conocido como la Guerra Fría.

En el capítulo 24 de la biografía del Presidente Kennedy, Arthur M. Schlesinger, Jr., comenta los esfuerzos de la Alianza del Progreso (el proyecto para Latinoamérica de Kennedy) por crear una “revolución democrática” para contrastar la fascinación que producía, en distintas partes del hemisferio, la Revolución Cubana. La Alianza del Progreso admitía a políticos de diversas orientaciones, desde José Figueres de Costa Rica (un demócrata liberal) hasta los dictadores de Paraguay y Haití, Stroessner y Duvalier. Según comenta su biógrafo, el modelo que Kennedy quería promulgar para América Latina estaba copiado parcialmente del Puerto Rican experience, por lo que no es sorprendente que tanto Muñoz Marín como Teodoro Moscoso, Arturo Morales Carrión y otros formaran parte de los esfuerzos anticomunistas del gobierno norteamericano. Para entender lo que se dirá más adelante es importante entender que la relación de Estados Unidos y América Latina desde la presidencia de Kennedy tiene como meta combatir lo que representaba la amenaza de Fidel Castro.

Un año antes de su muerte, y luego de haber aterrado la República Dominicana despiadadamente por 30 años, el dictador Rafael Leónidas Trujillo perdió el apoyo de los Estados Unidos (*1). Las relaciones venían deteriorando, pero los excesos de Trujillo terminaron de empachar a los norteamericanos. Harta ya de las vergüenzas que le hacía pasar su antiguo aliado, la CIA planifica la muerte de Trujillo, pero resulta que unos dominicanos se le adelantan y matan al dictador.

Trujillo tenía a la República Dominicana muy sujetada. Es obvio que luego de su asesinato, se abriese un vacío de poder. Algunos miembros de la familia del dictador se aferraron al mando del país, pero entre una cosa y otra terminaron exiliándose. El gobierno de that lovely but tragic old Spanish island (como la llama Schlesinger) cae en manos de Joaquín Balaguer, quien había sido el presidente simbólico de la República Dominicana regida por Trujillo (Schlesinger 769) (*2).

Ante la inestabilidad en el poder dominicano, el Presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, examina la situación realistamente y llega a su famosa conclusión: “Hay tres posibilidades, en orden de preferencia: un régimen democrático decente, una continuación del régimen de Trujillo o un régimen castrista. Debemos apuntar hacia el primero, pero realmente no podemos renunciar al segundo hasta que no estemos seguros de que podemos evitar el tercero” (769, mi traducción). Esto se refiere a que, con tal de evitar algo que se parezca a Fidel Castro, estaban dispuestos a apoyar a alguien que se pareciera a Trujillo. Pues, bien. Balaguer era, a los ojos de Kennedy, esa continuación de Trujillo que resultaba cómoda a los intereses estadounidenses.

Anticipando sin saberlo la invasión de su sucesor, Kennedy mandó un barco militar a la República Dominicana con 1,800 marines, por si Balaguer los pedía (Schlesinger 771). Este punto es revelador, ya que se tiende a pensar que la invasión norteamericana fue un capricho de Lyndon Johnson, el sucesor de Kennedy. Cada presidente aportó a la causa y adelantó un paso de la invasión dominicana: el Presidente Eisenhower la avaló por escrito (Rabe 55), el Presidente Kennedy envió soldados a rondar la isla, y el Presidente Johnson irrumpió ya finalmente en Santo Domingo.

En diciembre de 1962 se llevan a cabo las elecciones de la República Dominicana: las primeras elecciones limpias en la historia de ese país. Muchos políticos norteamericanos veían estas elecciones con malos ojos. Serban Vallimarescu, por ejemplo, quien fungió en varios cargos diplomáticos en la República Dominicana, se opuso a la idea de las elecciones. Una población de 75% analfabetas bajo 40 años de represión, creía Vallimarescu, no iba a tener la menor idea de qué era la democracia, y mediante una elección pondría en riesgo a la junta militar, que a este diplomático le parecía decente y civilizada. Comenta que se difundieron panfletos y comic books para enseñarles a votar a los dominicanos. Los temores de Vallimarescu estaban bien fundados, porque el pueblo dominicano eligió a Juan Bosch, “someone I never trusted”, como explica el diplomático. La desconfianza de Vallimarescu (y del resto de la administración de Kennedy) tenía una base sólida.

En una charla inaugural, el Presidente Bosch denunció los tres sectores de la sociedad dominicana que usualmente habían asfixiado al pueblo: la iglesia, las fuerzas armadas y la oligarquía. A estos grupos les causaron gran incomodidad las reformas a favor de los intereses de la población dominicana: e.g., el que le abriera al país una línea de crédito en Suecia (esto le restaba control a los Estados Unidos) y el que cancelara un contrato con Esso Oil Company (Chomsky 150). Bosch además se distinguió por la forma agresiva en que combatió la corrupción del gobierno.

Vallimarescu señaló que Bosch había cometido suicidio político y, luego de escuchar el discurso inaugural, le pronosticó un máximo de ocho meses a su mandato. Tenía razón, después de todo, en que las elecciones eran una mala idea. En el Norte se tiende a pensar que los países del Sur pueden votar con tal de que voten por la persona correcta. En este sentido, Vallimarescu no se alejaba demasiado de la opinión del futuro Presidente Nixon, quien creía que la democracia estaba bien, pero no para aquellos que carecieran de “madurez política” (Rabe 50). Carecer de madurez política se traduce en votar por alguien que desafía la iglesia, las fuerzas armadas y la oligarquía, por eso de quedarnos con el caso dominicano.

Para Arthur Schlesinger (mano derecha de Kennedy), Juan Bosch no era el mejor candidato para su país, y hubiese preferido a alguien como Muñoz Marín. Aunque acepta que Balaguer era una suerte de monigote de Trujillo, Kennedy se va convenciendo de que es la única herramienta que tenía Washington. Ante los ojos de Washington, explica Schlesinger, Bosch funcionaba mejor como un escritor de cuentitos que como un mandatario fiable (773). El hecho de que los dominicanos hubiesen votado por él, se sobreentiende, es secundario.

Finalmente, en septiembre de 1963, a solo siete meses de su mandato, el gobierno de Juan Bosch recibe un golpe de estado. Se instalan en el poder varios líderes militares. Obviamente, se cancelan las reformas de Bosch.

Eran tiempos agitados. Casi dos meses más tarde, al Presidente Kennedy lo asesinan en Dallas.

Vallimarescu cuenta que él fue uno de los pocos miembros del gobierno estadounidense que se quedaron en la isla después del golpe de estado dominicano. Narra la misa que le hicieron los miembros del triunvirato militar a la memoria de Kennedy. A petición de Donald Reid Cabral, quien había heredado la presidencia del triunvirato (y que estaba al mando de la República), el diplomático Vallimarescu intercedió ante sus superiores. El nuevo Presidente norteamericano, Lyndon B. Johnson, no perdió tiempo y reanudó las relaciones diplomáticas con los militares dominicanos. Todo parecía de vuelta a la normalidad.

Ahora, en abril del 1965 (año y medio después del golpe de estado), unas facciones de las fuerzas armadas dominicanas se rebelan en contra del liderazgo militar. La revuelta, a la que se le unió una gran parte de la población, tenía una meta bien clara: devolver a Juan Bosch, el presidente legítimo, al mando del país. Con el objetivo claro de impedir que eso sucediera, Lyndon Johnson envió 23,000 soldados norteamericanos a la República Dominicana.

La intervención fue masiva. El mismo Bosch escribe que el equipo que entraba en Santo Domingo era tan pesado como el que se llevó al desembarco de Normandía, en la Segunda Guerra Mundial (408). El Mayor Lawrence Greenberg, del US Army Center for Military History, explica que las fuerzas aéreas norteamericanas dispusieron de todas las unidades de transporte que al momento no se encontraban en el Sureste asiático; Greenberg calcula que aterrizaba, como promedio, un avión cada cinco minutos (19). La presencia de las tropas, continúa Greenberg, tenía como propósito, entre otras cosas, “to bolster sagging Loyalist morale” (21): esto es, darle refuerzos al triunvirato militar que ocupaba el lugar de Bosch.

Se estima que murieron alrededor de 3,000 dominicanos, en su mayoría civiles.

Vallimarescu trabajó como portavoz de prensa del gobierno norteamericano en la isla. El diplomático comenta que los militares norteamericanos eran muy parcos con la información, lo que no le impidió que se refiriera a Camaaño, el principal militar aliado a Bosch, como “el enemigo”. Llamar “enemigo” a Camaaño o algún otro miembro de las fuerzas constitucionalistas fue muy sincero, ya que ponía de manifiesto claramente las alianzas del gobierno estadounidense.

Villamarescu comenta que él, que era la persona que se supone que informara al gobierno de lo que sucedía en las calles de Santo Domingo durante esta guerra civil, se enteraba de la situación a través de las noticias que llegaban de Washington. ¿Cómo era posible que el portavoz del gobierno fuera la persona menos informada? Villamarescu explica: “Johnson quería probar algo —quería probar que esto había surgido de Cuba, quería probar que Camaaño era un hijo de puta y estaba matando gente— y publicaron cosas que no se podían verificar. Algunos de los supuestos agentes cubanos o no existían o estaban muertos” (la traducción es mía).

Unos días después de la invasión (el 2 de mayo de 1965), en su discurso acerca de la situación de la República Dominicana, el Presidente Johnson explicó las razones por las cuales los Estados Unidos intervinieron en la Dominicana. Johnson reitera que es consciente de que no se debe intervenir en los asuntos externos de otros países (esto es ilegal) (*3), pero comenta que ha tenido que tomar esta decisión difícil (hard) por dos razones: en primer lugar, la vida de muchos ciudadanos norteamericanos corría peligro y, en segundo lugar, en la República Dominicana existía una alarmante amenaza comunista. La imagen que pinta Johnson en su discurso es la siguiente: por un lado están los opositores de Bosch, quienes formaron un comité militar en un esfuerzo por controlar el país, y por otro lado están quienes —en nombre de Bosch— se tiraron a las calles para hacer una revuelta. A todas estas, explica Johnson, “the United States was making a constant effort to restore peace”. El Presidente intentó dejar claro que es solo por las más nobles intenciones que los Estados Unidos intervienen en los asuntos de otros países. La ilegalidad de la acción quedó justificada con el argumento de la buena intención.

Johnson (muy sabiamente) evita relacionar a Juan Bosch con el comunismo; el culpable no es Bosch, sino “a band of Communist conspirators”, quienes presentan una amenaza al hemisferio (*4). Estos enemigos de la libertad, entrenados por Fidel Castro, quieren reinstalar a Bosch con una doble agenda, y son estos quienes atentan en contra de la vida de los norteamericanos. Johnson cita a su predecesor Kennedy, quien había dicho: “We in this hemisphere must also use every resource at our command to prevent the establishment of another Cuba in this hemisphere”.

Escribe Juan Bosch que a Johnson “se le hizo decir que en las calles de la capital dominicana había miles de cuerpos decapitados [cuyos] cuerpos eran paseadas en puntas de lanzas [...] se le hizo decir que la revolución era comunista y luego se presentó una lista de 51 comunistas dominicanos, lo que provocó la risotada en todo el mundo” (408). Ya hoy día nadie cree que existía una amenaza comunista en la República Dominicana. El historiador militar Greenberg comenta que, de la lista original de comunistas que presentó la CIA, 5 nombres estaban repetidos y varios otros estaban muy superficialmente asociados con el comunismo (28, nota 15). La prisa y la chapucería con la que se construyó la evidencia falsa son realmente asombrosas.

En el mensaje del Presidente Johnson estaba claro que el comunismo es el enemigo de la libertad, mientras que los Estados Unidos son los defensores de la libertad. El hecho de que Bosch, el presidente legítimo de la tragic little island (esta vez son las palabras de Johnson), no fuese comunista, tampoco importa en lo más mínimo. Importaban solo las buenas intenciones norteamericanas de liberar a la República.

Por alguna razón, quizás por cinismo, Johnson cierra su discurso con una cita nada menos que de Simón Bolívar. Aunque no es esta la cita que da Johnson, todos recordamos que Bolívar había dicho: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad”.

Arthur Schlesinger ha explicado que, en los siete breves meses que estuvo en el poder, el gobierno de Bosch no había podido transformar por completo la sociedad postrijullista. Además, que no era lo suficientemente anticastrista. Además, que era incapaz de entusiasmar a la ciudadanía. Esto último es lo menos cierto de todo, ya que Bosch había arrasado en las elecciones, y provocó una movilización masiva para restaurarlo ya una vez los militares lo sacaron del poder. El entusiasmo que provocaba la figura de Bosch llevó a la sociedad dominicana a la guerra civil.

Otro célebre diplomático, Ellsworth Bunker, expone su versión de la figura de Bosch en los siguientes términos: “Para ese entonces estaba bastante errático. Había llegado a esa etapa de la vida. Sí, era verdaderamente —yo disfrutaba ir a verlo, pero él estaba bastante desorientado —off the mark” (24). Bosch “se presentaba a sí mismo como el futuro salvador de su país” (23). Bunker era, además de político, el presidente de la National Sugar Refining Co. Explica Eduardo Galeano que, en su faceta de empresario, Bunker supervisó de cerca los intereses de la compañía azucarera en suelo dominicano, luego de la intervención (122).

Finalmente, cuando se logra vencer a los partidiarios de Bosch, nombran temporeramente a Héctor García Godoy, a man of integrity, a la presidencia. En el 1966 García Godoy llama a nuevas elecciones en la República, en las que Juan Bosch se volvió a postular. En su defensa de Bosch, el pueblo dominicano había sufrido problemas con los militares, una invasión extranjera y una guerra civil. El mensaje estaba claro y la población entendió por quién debía votar: por Joaquín Balaguer.

En síntesis, resumo rápidamente lo dicho hasta aquí: luego de 30 años de la dictadura horrible de Trujillo, por fin se hicieron unas elecciones libres en las que ganó un candidato honesto: Juan Bosch. Las fuerzas tiranas le hacen un golpe de estado a Bosch y reinstalan el mando trujillista y, cuando un movimiento legitimista intenta devolver a Bosch al poder, los Estados Unidos intervienen a favor de los golpistas. Esta es una violación de varias leyes internacionales. Luego de la debacle, se llevan a cabo nuevas elecciones en las que ganó un antiguo partidario del dictador Trujillo.

No ha faltado quien ha encontrado paralelismos entre este caso y uno mucho más reciente: el de la nación caribeña de Honduras. Un candidato democrático liberal con tendencias de justicia social es expulsado por un golpe de estado militar, con el aval más o menos explícito de los Estados Unidos. Cuando se hacen nuevas elecciones (innecesarias y posiblemente ilegales, ya que el término de las anteriores no había concluido), el pueblo, amedrentado, vota por un candidato de derecha, solícito con las inversiones extranjeras desenfrenadas.

Paso ahora a considerar el caso de otra persona de apellido Bosch: se trata de un pediatra cubano que con los años se llegó a convertir en un terrorista famoso. El Dr. Orlando Bosch tiene una lista larga de atentados a su haber, muchos de los cuales él mismo ha confesado. Al igual que otros militantes que han diversificado sus carreras hacia el terrorismo, Bosch fue entrenado por la CIA. El pediatra y sus secuaces estuvieron activos en la campaña con la que nuestro gobierno atacó a Cuba por mucho tiempo.

Repasemos la historia. Unos años antes de la invasión dominicana, los Estados Unidos invadieron a Cuba (1961). El suceso se conoce como la Invasión de Bahía de Cochinos o Playa Girón. Las fuerzas del ejército cubano rechazaron y vencieron a los invasores, entre los que se hallaban personajes como Orlando Bosch (*5).

Como reacción ante esta derrota militar, el Presidente Kennedy organizó una serie de ataques terroristas conocida como Operación Mangosta (Mongoose, en inglés), y que consistía en la quema de cosechas, bombardeos aéreos al estilo hit and run, asesinatos e intentos de asesinatos, sabotaje, etc. Orlando Bosch estuvo muy activo en estos ataques.

Ante este panorama, el gobierno de Castro pactó con el gobierno de la Unión Soviética, y colocó en suelo cubano varios misiles atómicos. La crisis que provocó la ubicación de los misiles fue muy seria: no es exagerado decir que las dos potencias militares más grandes (EEUU y URSS) estuvieron a punto de irse a la guerra atómica por culpa de los misiles cubanos. Luego de la Crisis de los Misiles, y con tal de que Castro sacara las armas de Cuba, los Estados Unidos dejaron de apoyar abiertamente estas actividades terroristas, muy a pesar de los comandos cubanos del exilio, quienes continuaron los ataques desde la clandestinidad. Entre estos comandos se encontraba Bosch.

En décadas subsiguientes, y siempre con la mira de derribar al gobierno castrista, Orlando Bosch se alió con distintos gobiernos anticomunistas. Participó en la infame Operación Cóndor, estrechó lazos con la policía secreta de Pinochet, la AAA de Argentina, y se lo ha implicado, entre otros tantos atentados, con el asesinato del economista chileno Orlando Letelier, en Washington.

Entre las decenas de actos terroristas que el FBI le imputa a Bosch, solo mencionaré aquí dos tipos: ataques a aviones y ataques cometidos en Puerto Rico.

El 6 de octubre de 1976, explotaron dos bombas en el vuelo 455 de Cubana de Aviación. La nave salía de la isla de Barbados con 73 tripulantes y se estrelló luego de que dos artefactos explosivos estallaran en el baño de pasajeros. Entre las víctimas estaba el equipo de esgrima cubano, pero había también nacionales de otros países.

Se cree que Bosch planificó el ataque junto a sus colaboradores desde Venezuela. Un documento desclasificado de la CIA informa que un mes antes del ataque, Bosch llegó a Venezuela, protegido por el Presidente Carlos Andrés Pérez (*6), a quien Bosch le prometió un alto al fuego de su grupo. El propósito del atentado era desestabilizar el gobierno de Fidel Castro mediante un ataque a cualquier persona o gobierno que mantuviera una comunicación con el gobierno de Castro.

El vuelo 455 era civil. Al Dr. Bosch le han preguntado qué opina del hecho de que hayan muerto 73 civiles en el ataque, a lo que él ha contestado que todos los aviones de Castro son blancos de guerra. Bosch explica su punto de vista de la siguiente forma: los cubanos nunca han sido buenos en esgrima, y estos deportistas habían ganado medallas de oro. Era una gloria para Fidel, según el Dr. Bosch, y había que destruirla.

Luego de una breve encarcelación en Venezuela, Bosch llega a los Estados Unidos. Nadie en el FBI ni en la CIA dudaba de su culpabilidad. Por ejemplo, el Fiscal General Asociado del Departamento de Justicia calificó a Bosch de “un terrorista a quien no controlan las leyes ni la decencia, que amenaza e inflige violencia sin considerar la identidad de sus víctimas” (NYT 9/5/2005). El ex-Procurador General norteamericano Dick Thornburgh, además, lo describe como “un terrorista que no se ha reformado” (Bardach, “Our Man’s in Miami”). Semejante personaje llegó al sur de la Florida y fue arrestado. Ante la petición de varios países, el Departamento de Justicia norteamericano se dispuso a extraditar a Bosch.

Ahora bien, a pesar de los intentos del Departamento de Justicia, a Bosch no se le acusó formalmente de terrorismo en los Estados Unidos; esto se debe a que el entonces presidente George Bush padre desestimó los cargos y le ofreció un perdón a Bosch, quien actualmente reside en Miami.

La historia a veces es adepta de repeticiones y paralelismos. El ataque del vuelo 455 fue el atentado de terrorismo internacional más grande del hemisferio americano hasta el de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001(Bardach, Cuba Confidential) (*7). El Presidente Bush padre, como queda dicho, sacó de la cárcel al culpable de estos actos. Años más tarde, a Bush hijo le tocó dirigir el país cuando otro grupo extremista cometió otro acto terrorista justamente mediante un ataque a un avión civil. Mientras que W. Bush se proponía combatir el terrorismo, en suelo estadounidense caminaba y aún camina, libre e impune, quien se precia de tener el segundo lugar en la lista de “terroristas más peligrosos”. Se ha comentado bastante que, bajo su conocido lema de “aquellos que cobijan a los terroristas son igual de terroristas”, el Presidente Bush podría ser llevado a corte (e.g., Campbell).

Pero el atentado del vuelo 455 no ha sido la única acción violenta de Orlando Bosch. El FBI lo vincula con al menos 30 otros actos terroristas. La mayoría de estos han tenido como escenario a Miami y a Puerto Rico. Me limito aquí a los ataques en nuestra isla.

El primer ataque fue en septiembre del 1968, cuando estalla una bomba en un barco español, en las costas de Puerto Rico; en marzo y diciembre del 1977, el Consulado de Venezuela recibió dos bombazos; en octubre de 1978, hubo bombazos en dos agencias de viaje, en Hato Rey y Río Piedras; en diciembre de ese mismo año, una bomba en las oficinas de Varadero Travel; finalmente, el 4 de abril del 1979 muere Carlos Muñiz Varela, director de Varadero Travel. La muerte de Muñiz Varela, achacada a una de las células que se recogen bajo la organización paraguas que capitanea Bosch (CORU: Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas), es uno de los crímenes políticos más notorios de la segunda mitad del siglo XX en Puerto Rico.

Como otros tantos terroristas de distintas nacionalidades, Orlando Bosch camina por las calles de Miami. Pinta cuadros; escribe versos. La derecha más recalcitrante de Estados Unidos le ha brindado su apoyo. Tanto es así que en 1983, Demetrio Pérez, comisionado del Consejo Educativo de Miami, propuso celebrar el “Orlando Bosch Day” para reconocer la labor de este “activista”. Ya no será, como anunciaba el Esteban Lamela (*8), “el sustituto de Castro”, pero se está tomando unas muy merecidas vacaciones luego de una vida activa al servicio de la violencia indiscriminada.

Así que tenemos a una persona que planifica y comete actos terroristas en suelo estadounidense (en Washigton, Miami y Puerto Rico) dirigidos contra ciudadanos estadounidenses. ¿Por qué, entonces, el mandatario estadounidense le concede un perdón presidencial?

Se ha hablado mucho del vínculo entre la familia Bush y los sectores más extremistas de la comunidad cubana de Florida. La campaña política de la senadora cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen, quien prometió proteger a Bosch, fue manejada por Jeb Bush, hijo del primer Presidente Bush, hermano del segundo Presidente Bush. Jeb Bush fue gobernador de la Florida en el 2000, año electoral en que George W. llegó a la Casa Blanca, gracias a Florida. O sea, Bush I libera a Bosch a petición de Jeb Bush, quien hace que su hermano Bush II llegue a la presidencia. Parece un trabalenguas de corrupción (*9).

Ahora, no se trata solamente de un trueque de favores políticos. Para entender la protección que Orlando Bosch ha recibido en los Estados Unidos, hay que recordar que nuestro país ha llegado a grandes extremos en su lucha por destruir el comunismo que identifica con Fidel Castro. La invasión dominicana del 1965 y la Operación Mangosta violan leyes nacionales e internacionales: la Política del Buen Vecino (Good Neighboor Policy) de Roosevelt y las disposiciones de no intervención de la OEA y la ONU; todo por impedir, en palabras de Kennedy, que otros países del Caribe siguieran el ejemplo de la Cuba castrista. El apoyo a Orlando Bosch es uno de los eslabones de esta cadena.

¿Pero cuál es ese ejemplo de la Cuba castrista? ¿Qué querían impedir los Estados Unidos? La Cuba de Castro es el escenario de muchos abusos, y su récord de violaciones a las libertades civiles es muy lamentable. Pero, teniendo en cuenta que los Estados Unidos han sido colaboradores de, por ejemplo, Rafael Trujillo (entre varios más), ante cuyos crímenes palidece la salvajada más detestable del gobierno de Fidel, no puede ser que hayan llegado a tan grandes extremos por su amor a la libertad. Ya casi no provoca conmoción afirmar que el ejemplo de la Cuba castrista que ha combatido largamente nuestro gobierno ha sido uno de independencia política y económica. Ante la amenaza de gobiernos que pretendan defender el desarrollo nacional por sobre el del capital extranjero, no ha habido otro remedio. Digámoslo de otra manera: para ahuyentar a la figura de Juan Bosch se ha tenido que recurrir a figuras como la de Orlando Bosch.

El 18 de mayo del 2005, 20 miembros de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos le pidieron al entonces Presidente Bush que extraditara a Luis Posada Carriles, el compañero terrorista de Bosch. El Presidente Bush hizo caso omiso por dos razones. La primera razón, que ya queda comentada, es la relación de su familia con la derecha cubana. La segunda razón para no extraditar a Posada la da su abogado: de ser extraditado, podría ser torturado por el gobierno venezolano. Esta segunda objeción es muy dudosa, ya que —como dicen los congresistas en su carta— los Estados Unidos extraditan acusados a Siria, Egipto, Jordán y Marruecos, cuyos credenciales de derechos humanos son desastrosos, mientras que la constitución de Venezuela prohíbe la tortura abiertamente.

Recordemos además que la administración de Bush preparó un elaborado aparato legal que precisamente justifica el uso de tortura, por lo que esta objeción no debió quitarle el sueño al entonces Presidente. Sea cual fuere la razón, Bush se negó. Pero eso era George Bush; ¿y qué del Presidente que tenemos hoy?

De seguro el Presidente Obama ha escuchado de la invasión dominicana del 1965, y de los actos terroristas que nuestro gobierno ejecutó en distintos países del Caribe. Como heredero de la lucha en contra del terrorismo, prometió cerrar la cárcel de Guantánamo, en donde abiertamente se tortura, pero aún sin resultados. Tampoco ha respondido a la petición que una vez más hace el gobierno venezolano de extraditar a Posada (Romero y Cave). Ahora, lo que sí hizo fue designar a Cuba como un país que refugia terroristas (*10).

Debo terminar, porque esta lógica me sobrecoge. Los Estados Unidos cometen actos terroristas en contra de Cuba; además cometen tortura dentro de Cuba. Se niegan a extraditar a un terrorista cubano por miedo a que lo torturen y luego designan a Cuba como un país terrorista. Por este nuevo trabalenguas de corrupción le damos las gracias a Obama.

El derrocado presidente dominicano debió exiliarse de su país y Puerto Rico lo recibió con calor y respeto. Fue amigo de José Luis González y Muñoz Marín; vivió en Aguas Buenas. Desde el exilio, y a lo largo de los años, su visión de la política se fue recrudeciendo a medida que observaba los zarandeos de la política norteamericana en el Caribe, esas dos alas que se abren sobre las aguas que nos rodean. Al dedicarle la Semana de la Lengua a Juan Bosch reconocemos su gestión como prosista, pero también como un personaje importante en la historia de nuestras antillas. El nombre de Bosch está atado al pasado caribeño, pero debemos reconocer que también a nuestro presente.

NOTAS

*1 El reportaje de Time lee de la siguiente forma: “Four days after 21 Latin American nations, gathered in Costa Rica, voted to break diplomatic relations with Trujillo and impose economic sanctions against the Dominican dictatorship, the U.S. moved to comply” (5 de septiembre de 1960). El favor estadounidense de Trujillo dependía, según Rabe, de su claro anticomunismo (51) y amainó en parte a raíz de la hostilidad entre el dictador dominicano y Rómulo Betancourt, de Venezuela (53).
*2 Balaguer “had been the nominal president under Trujillo”.
*3 El mismo Bosch recuerda el artículo 15 de la Carta de la Organización de los Estados Americanos de 1948 que es, de hecho, ilegal el que un estado intervenga “directa o indirectamente, por ninguna causa, en los asuntos internos o externos de cualquier otro estado”. El ensayo de Bosch se titula, irónicamente, “Fidel Castro o la nueva etapa histórica del Caribe”. Luego de conocer la ilegalidad de su intervención, Johnson trató de “internacionalizarla” usando efectivos de otros países (White 3). Para un análisis detallado sobre el aspecto ilegal de la intervención, véase Wilson.
*4 Bosch era anticomunista, pero a diferencia de otros mandatarios de la región, no criminalizó los partidos comunistas de su país. De otra parte, sospechar de los vínculos comunistas de quienquiera, en las décadas de la Guerra Fría, no era ninguna anomalía. Al mismo Muñoz Marín, por ejemplo, lo carpetearon por posible comunista. Si bien el PPD recibió a un buen grupo de miembros del PCP, al crearse el vacío de liderato de Albizu (Palau Suárez 25), la acusación de comunista que recibe Muñoz es ya producto de la histeria.
*5 El dominicano Juan Bosch tiene un ensayo sucinto e informativo de esta invasión que presagió, en cierta manera, la invasión en la que se implicó su país. La deposición de Arbenz en Guatemala dio pie a la invasión de Playa Girón, la cual dio pie a la invasión dominicana. Sin mencionar la de su país, comenta Bosch que “la Historia enseñaba que todo lo que había sucedido en un país del Caribe tendería a suceder más tarde o más temprano en los demás, y que cada acontecimiento importante estaba encadenado a uno anterior” (368).
*6 Le hacen una escena de recaudación de fondos a la que asisten exiliados cubanos y un miembro del gobierno venezolano. Bosch le sugirió al ministro venezolano que, de recibir fondos de su gobierno, las células terroristas anticastristas no se manifestarían en los Estados Unidos durante la aparición del Presidente Pérez ante la ONU. Cuando arrestan a Bosch y a Posada Carriles en Venezuela, el Presidente Pérez promete cooperar con la investigación de la explosión del vuelo 455 de Cubana, con tal de que el gobierno de Castro apoyara la posición antiterrorista de Venezuela ante la ONU.
*7 “Until 9/11, the [Orlando] Letelier-Moffitt assassination was known as the most significant act of international terrorism ever committed in the capital city of the United States”, reza la página del National Security Archive. Así que, con su participación en el caso Letelier, Bosch ocupa el segundo lugar en este otro apartado. Hace unas semanas el NSA publicó un documento que implica a Henry Kissinger con la muerte de Leteliler (Kornbluh, “Henry Kissinger”).
*8 Lamela (qué pequeño es el mundo) trabajó en Voice of America, la agencia oficial de propaganda norteamericana, en donde había trabajado Vallimarescu.
*9 El abogado de Orlando Bosch (nieto de Fulgencio Batista) llegaría a la Corte Suprema de Florida nominado por Jeb Bush. Otro prominente exiliado cubano del partido republicano, Otto Reich, fue embajador de Venezuela, y cabildeó por la libertad de Bosch. Reich sostuvo cargos diplomáticos muy importantes bajo el gobierno de los Bush; ha recibido baqueo económico de la empresa Bacardí. Ninguno de estos datos es un secreto clasificado ni nada por el estilo.
*10 Las acciones terroristas, dice el reporte del gobierno, son proteger a organizaciones como las FARC y dejar que ronden las calles cubanas exmiembros del Black Panther Party y los Macheteros. Obama hasta le negó una visa al cantautor Silvio Rodríguez, quien iba a New York a cantar en la celebración del 90 cumpleaños de Pete Seger (Robinson). El Representante de Florida Connie Mack fue un tanto más lejos e instó a Obama a incluir a Venezuela en la lista, cosa que no sucedió. Hace unas semanas, ante el ridículo que provocó aún entre partidarios de Obama, se invalidó la lista oficial.

TEXTOS CITADOS

AFP. “US keeps Cuba on terrorism blacklist”. 30 de abril del 2009.
Bardach, Ann Louise. Cuba Confidential: Love and Vengeance in Miami and Havana. New York: Random House, 2002.
Bardach, Ann Louise. “Our Man’s in Miami. Patriot or Terrorist?”. Washington Post 17 de abril de 2005. B03.
Bosch, Juan. Antología personal. San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2009.
Bosch, Orlando. Entrevistado por Andy Robinson. La Vanguardia 16 de agosto de 2006
Bunker, Ellsworth. Entrevistado por Michael L. Gillette. Oral History Interview III, 10/12/83. Internet. 30 de marzo de 2010.
Campbell, Duncan. “Friends of terrorism: Bush’s decision to bring back Otto Reich exposes the hypocrisy of the war against terror”. The Guardian 8 de febrero de 2002.
CIA. Gobierno de los Estados Unidos de América. Informe fechado el 14 de octubre de 1976. National Security Archive. Internet. 31 de marzo de 2010.
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Sunday, January 3, 2010

La quinta frontera

Al momento (enero 1, 2010) hay cinco países musulmanes que están recibiendo ataques de Estados Unidos. Los primeros dos fueron Irak y Afganistán. Por razones geográficas, la ocupación de Afganistán produjo el bombardeo a Pakistán (ambos países hacen frontera). Ya que las operaciones de la CIA en Somalia y Yemen han escalado y sus consecuencias están empezando a hacerse sentir, no es injusto calificar estos países como dos nuevas fronteras de enfrentamiento bélico (como hace Glenn Greenwald, en una entrevista con Democracy Now!). La sexta frontera bien podría ser Irán, si todo sigue como va.

Los iraquíes recibieron el año nuevo con la noticia de que la Corte del Distrito Federal dejó caer los cargos en contra de Blackwater Worlwide (o Xe Services, como se llama la compañía ahora) por la matanza de Nissour el 17 de septiembre de 2007. Blackwater es una de las más conspicuas compañías de mercenarios que el gobierno de los Estados Unidos contrata para dar servicios militares en los países que ocupa. Regularmente se señala que Blackwater parecería estar por encima de la ley, ya que no rinde cuentas por los crímenes marciales que comete. El 17 de septiembre de 2007 ametrallaron y bombardearon una calle llena de civiles porque pensaron que estaban siendo atacados. El saldo fue de 17 muertos y 27 heridos. Se acusó a cinco empleados de Blackwater, pero el juez federal desestimó los cargos porque la fiscalía fundamentó su caso en testimonios presentados bajo una promesa de inmunidad (NYT 1/1/2010). Este último incidente con Blackwater es una pequeña ilustración de la situación en Irak, un país destruido, cuya población civil muerta por causa directa de la invasión norteamericana ronda ya por los 100,000.

En Afganistán, el 2010 se despide con el ataque a una base de la CIA que dejó un saldo de ocho norteamericanos muertos; en otro incidente, murieron cuatro soldados y un reportero canadienses. Ambos ataques se efectuaron el 30 de diciembre. Dos días antes, diez civiles afganos murieron en un bombardeo de la OTAN en la provincia de Kunar; según parece, ocho eran niños. No se puede descartar una relación de causa y efecto entre los ocho niños afganos muertos el 28 de diciembre y los ocho empleados de la CIA un par de días después. El Talibán, de hecho, dejó claro que se trata en efecto de una represalia por los bombardeos norteamericanos (WSJ 2/1/2010). Es intensamente lamentable que una ojeada al periódico cualquier día del año presenta panoramas idénticos, que se repiten constantemente. Las persistentes bajas civiles (o asesinatos, si queremos prescindir de eufemismos) claramente aumentan la matrícula terrorista, ya que son cada vez más los civiles que ven morir a sus familiares, amigos y compatriotas en una ocupación violenta.

Hay varias formas de lidiar con el mortal círculo vicioso de la violencia en Afganistán. Uno de ellas es retirar las tropas invasoras, hacer reparaciones económicas y dejar que los afganos resuelvan sus problemas (y los que les hemos añadido) a su manera, lenta y penosamente, como usualmente pasa en países arrasados por la guerra. Otra opción es agregar 30,000 soldados más a la contienda, incrementar los bombardeos, intervenir en las elecciones, comprometer los recursos del país a inversiones extranjeras. Ya sabemos qué opción ha elegido la administración de Obama.

La situación en Afganistán empeora día a día, por razones obvias. Las víctimas civiles en ese país subieron un 10% en el 2009, bajo la administración de Obama, según reporta la ONU. En el 2007, el 46% de las muertes civiles eran causadas por las milicias y terroristas locales; hoy día, el número ha subido a un 60%, en un conflicto que se torna cada vez más fratricida.

Igualmente fratricidas son las consecuencias de la intervención norteamericana en Pakistán, aunque no sean estas las únicas causas de la confusión violenta de este país. Ciertamente, al menos 500 personas han muerto en atentados terroristas en Pakistán en los últimos tres meses (WSJ 1/1/2010). El 2010 abre con una explosión en un juego de voleibol en el que murieron 95 personas. Esto fue un viernes; el lunes de esa misma semana, 43 personas murieron en otro atentado. La violencia terrorista de Pakistán cada vez más cobra los visos de la iraquí.

Si bien es cierto que los problemas del país no son atribuibles íntegramente a la presencia norteamericana, es insensato ignorar la historia de colaboración entre Estados Unidos y fuerzas represivas paquistaníes. Un ejemplo tras otro prueba lo obvio, que no es ningún gran descubrimiento: la violencia engendra violencia. El ataque norteamericano de Chenagai, el 30 de octubre de 2006, dejó un saldo de 80 muertos y provocó una represalia en la que murieron 42 soldados paquistaníes. Dos años más tarde, en octubre de 2009, una explosión que mató a un centenar de personas inocentes le dio la bienvenida a la Secretaria de Estado Hillary Clinton.

El caos en Pakistán ha llegado a tal nivel que las Naciones Unidas han retirado una tercera parte de sus trabajadores del país, por temas de seguridad (WSJ 31/12/2009).

En el discurso con el que recibió su premio Nóbel, el Presidente indicó que los Estados Unidos no pueden luchar solos para salvar al mundo. Mencionó el caso complicado de Somalia, un estado fallido, “en donde el terrorismo y la piratería se unen con la hambruna y el sufrimiento humano”. Un par de semanas más tarde, Obama anunciaba que “seguiremos usando todos los elementos que estén en nuestro poder nacional para perturbar, desmantelar y derrotar los extremistas violentos que nos amenazan, vengan de Afganistán o Pakistán, Yemen o Somalia”. Se sobreentiende con esto que el país empobrecido, hambriento y sufrido de la charla del Nóbel recibirá el tratamiento militar de los otros países. Inglaterra, por supuesto, se suma a la iniciativa estadounidense, según reporta AFP en la página web de Yahoo. El mismo día que informa de la buena disposición de Gordon Brown de incrementar la intervención económica y militar en Yemen y Somalia (3 de enero de 2010), aparecen dos noticias más relacionadas con Somalia: la de un somalí que intentó matar al caricaturista que hace años hizo un controvertido dibujo de Mahoma y la de los últimos dos barcos que fueron secuestrados por piratas somalíes. La inclusión de estas dos noticias es reveladora, y de seguro estaremos oyendo noticias nefastas sobre somalíes en los próximos meses. La primera noticia insiste en que el hombre es somalí al menos ocho veces. La segunda noticia toca un tema mucho más colorido (los piratas), y —como se ha hecho con el término “narcoterrorismo”, en el cual se fusionan dos términos básicamente contrapuestos para construir una entelequia antagonista con un cierto grado de uniformidad— de seguro afanará a más de un comentarista estrechar lazos entre los terroristas de la primera noticia y los piratas de la segunda. Ha habido trifulcas entre los islamistas y los piratas, y la propaganda se renueva cuando parece anquilosarse, por lo que es posible que se hable mejor de causas en común que han llevado a un estado fallido en donde ambas realidades coexisten. Obviamente, las explicaciones estarán parcializadas.

Los Estados Unidos han estado interviniendo en Somalia desde hace décadas. Como en los otros casos mencionados en este ensayo, no se puede atribuir responsabilidad a los Estados Unidos de todos y cada uno de los problemas de Somalia, pero tampoco se puede relegar la responsabilidad a un plano menor.

Al presente, Somalia atraviesa una guerra civil. La guerra empezó en 1991 como una insurrección en contra del dictador militar Mohamed Siad Barre, a quien los Estados Unidos apoyaron económicamente (incluidos millones de dólares anuales para armamento). Siad Barre le entregó grandes concesiones a compañías norteamericanas justo antes de ser derrocado: resulta que Somalia podría poseer buenas reservas de petróleo. Cuando el país quedó en un caos total, las Naciones Unidas intervinieron en un par de operativos: la meta de distribuir ayuda humanitaria se vio impedida por la violencia de los caciques militares. Luego de la Batalla de Mogadiscio de 1993, en la que murieron 19 soldados norteamericanos y casi mil somalíes, los Estados Unidos retiraron sus fuerzas militares. Una década más tarde, luego de un fallido intento de un gobierno federado, dos fuerzas intentaron reestructurar el país, la Unión de Cortes Islámicas y la Alianza para la Restauración de la Paz y el Contraterrorismo. A esta última, la CIA apoyó económica y estratégicamente. Aunque nadie ha afirmado que la primera era una solución excelente (“a hard-line Islamic law-and-order collective” según Time Magazine 19/6/2009), cumplió la función de organizar a un país que había quedado en un caos general.

El estado de Etiopía apoyó militarmente a un gobierno fraguado en el exilio, el Gobierno Transicional de Somalia. Con la ayuda de Etiopía, el Gobierno Transicional derrotó a la Unión de Cortes Islámicas (que ya había disuelto a la Alianza). Desde 2007, Estados Unidos ha estado atacando blancos asociados a la Unión de Cortes, por su posible vínculo con Al Qaeda (al-Shabaab, el grupo más militante, ha negado públicamente tal vínculo). Tan reciente como el 15 de septiembre de 2009, Estados Unidos llevó a cabo un operativo especial en el cual murieron varios militantes islámicos.

En dos resoluciones del 2003, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha establecido que ningún otro estado debe intervenir en los asuntos de autodeterminación somalí (Reeve, International Law and the Use of Force in Self-Defence). Se reconoce al Gobierno Transicional Somalí como el mando legítimo del país, pero resulta que el apoyo militar que ha recibido tanto de Etiopía como de Estados Unidos hace que una parte de la población lo vea como una fuerza externa e ilegítima. La Unión de Cortes Islámicas se desbandó a finales de la década del 2000, y los elementos más recalcitrantes (e.g., al-Shabaab) han entrado en un conflicto sangriento en contra del Gobierno Transicional, de sus aliados etíopes y norteamericanos. Si bien las noticias sobre atentados terroristas (y de todo tipo) tienden a relegar lo que sucede en África a un espacio muy secundario, en el 2009 hubo varias explosiones suicidas, dirigidas principalmente a mandatarios y soldados africanos, pero en las que han muerto varios civiles. A los atentados se le añaden las confrontaciones militares.

El frente militar de Yemen es una de las guerras secretas más famosas de Estados Unidos. Al momento –y desde hace un año-, las operaciones militares están a cargo de la CIA, no de la milicia. Yemen es un conocido refugio de militantes islámicos (casi la mitad de los presos de Guantánamo provienen de Yemen, por lo que puede que el cierre de la prisión se posponga), pero el rol de Estados Unidos ha sido hasta ahora de inteligencia, entrenamiento y armamento (NYT 27/12/2009). El gobierno de Yemen ha tratado infructíferamente de hacerle ver a su población que los bombardeos e contra de Al Qaeda son de iniciativa propia, y que no responden a manipulación norteamericana. Un video de Al Jazeera presenta los esfuerzos de los militantes por demostrar que su ofensiva es en contra de Estados Unidos, no de Yemen.

El día de Navidad, el hijo de un banquero nigeriano intentó atacar un avión comercial que se dirigía a Detroit. El criminal aseguró haber recibido entrenamiento terrorista en Yemen. Ciertamente atacar civiles inocentes es una gran inhumanidad y no deben salir incólumes quienes lo planifican, lo intentan y lo hacen. El senador Lieberman (antiguamente demócrata, ahora independiente) le explicó a una cadena noticiosa que la Guerra del Mañana se fraguará en Yemen; su comentario se sustenta en el atentado infructífero de Navidad. El senador Lieberman, sin embargo, no mencionó que una semana antes (el 17 de diciembre) varios civiles yemeníes murieron en un bombardeo aéreo a cargo del gobierno de Yemen, que utiliza inteligencia y armamento norteamericano (la inversión es de 70 millones de dólares). ABC News informó que el mismo Obama dio la orden de lanzar dos misiles en este ataque. Lieberman tampoco mencionó que el 13 de diciembre de 35 a 70 civiles (el número es incierto) murieron en otro bombardeo yemení. Se necesita una gran fuerza de voluntad para no ver una relación entre estos ataques y el atentado infructífero del hijo del banquero.

La reacción de la administración Obama fue coordinar con el General Patareus (militar a cargo de Irak y Afganistán) maniobras agresivas en Yemén. El costo de la “ayuda antiterrorista” es el siguiente: de $4.6 millones en el 2006, la cifra llegó a subir a $67 millones en el 2009; este nuevo año, la cifra se dobla a $190 millones (WSJ 2/1/2010).

Como el más reciente caso de Blackwater en Irak, ninguna persona en sus cabales negaría que matar civiles inocentes es un gran crimen. Es lamentable, de otra parte, hacer una distinción entre vidas humanas basándonos en el color de la piel, el idioma o la nacionalidad de estas.